Gus Gracey: “Las personas tienen mucho más respeto por el arte del que creemos”

Entrevista al 'Bansky' De Tetuán, el artista que ha regalado sus obras de forma anónima en las calles del distrito


El entusiasmo recorre cada centímetro de Gus Gracey. Vestido con los zapatos rojos que le acompañan en todas sus exposiciones, narra cómo hace más de una década lo dejó todo para dedicarse a la pintura, la disciplina que da sentido a su vida y le hace feliz. Ha presentado sus obras en Lima, Londres y Madrid; y la mayor parte de este tiempo ha trabajado en su estudio de Tetuán, un distrito del que destaca la generosidad de muchos vecinos, gracias a los que en momentos de dificultad ha podido continuar desarrollando su pasión.

Hace poco se trasladó a un nuevo espacio en el barrio de Cuatro Caminos, lo que le llevó a crear una exposición urbana en la que, de forma anónima, fue regalando una parte de su trabajo. Durante los primeros días del mes de julio dejó unos 40 trabajos en las calles del distrito con un doble objetivo. Por una parte, autoafirmarse en la idea de que la gente valora el arte, y, por otro lado, mostrar su particular canto existencial a la vida.

¿Cómo surgió la idea de dejar cuadros en la calle para que la gente se los llevara?

Se produjo una coincidencia de motivos. El primero es el cambio de estudio que tenía que hacer. Cuando me puse a ordenar me pasé más de una semana haciendo un tetris para poder hacer la mudanza en un día. El segundo y fundamental era el agradecimiento a tantos vecinos que tan bien me han tratado. Era simplemente un regalo porque creo que las personas tienen mucho más respeto por el arte del que nosotros creemos en general.

Yo madrugo mucho, me levantaba a las cuatro de la mañana y dejaba los cuadros al lado de contenedores. También tenía la curiosidad de ver si los trabajadores del Ayuntamiento que hacían la recogida de basura respetaban el arte, y lo respetaban.

¿Qué tipos de obras ha regalado a los vecinos de Tetuán?

Hay composiciones, collages, esculturas, cuadros móviles… Todos son trabajos realizados con materiales reciclados como cajas de pizza, cartones y maderas, esculturas de espuma aislante, listones de metal, bridas, plásticos, carteles de publicidad, vaqueros viejos, botellas de plástico o latas de coca cola.

No es un trabajo cualquiera. No he regalado lo que descartaba o no me gustaba. De hecho, varias de esas obras eran de las que consideraba mis favoritas porque fueron hechas en momentos de dificultad económica y con una voluntad inquebrantable por no dejar que las circunstancias pudieran conmigo ni con mi necesidad de crear, avanzar y forzar mi capacidad de hacer belleza hasta de la prácticamente nada. Una metáfora en su conjunto a la voluntad, al trabajo, a la lucha y a la convicción de que lo mejor siempre está por venir.

¿Qué conclusión ha obtenido con esta experiencia?

Un regalo con alma, corazón y víscera; rabia también y mucho amor y pasión por un camino emprendido. Incomprendidos trabajos en su mayoría, a los que, sin querer desprenderme de ellos, sí que les quise dar la ocasión de hablar por mí en la extensión de mi agradecimiento. Varios de ellos cayeron en inmejorables manos anónimas, otros lamentablemente siguieron el rumbo marcado por el origen de sus materiales del cual les rescate.

¿Y para los vecinos?

Es una autoafirmación de que la gente valora el arte. Estas iniciativas consiguen que el que lo recoge lleve el museo a su casa y a través de esa acción está tendiendo un puente a la cultura en general, porque tener un original te puede llevar a investigar sobre quién lo ha hecho, cuáles son sus motivaciones, y a partir de ahí explorar un poco más en el arte. Esto es magnífico porque en este momento de cambio y tanta incertidumbre muchos pueden encontrar el placer y el disfrute en cosas que valen la pena, y la cultura vale la pena.

Esta iniciativa le ha llevado a que muchos le conozcan como el Bansky de Tetuán. ¿Cómo se siente con este calificativo?

Me causa mucha gracia. Si hubiese querido hacer una campaña de marketing y la hubiese pagado no hubiese funcionado como lo ha hecho esto. Los artistas deberíamos ser cronistas de nuestra época y el arte tiene que ser independiente y libre. Tú cuentas lo que te sale del alma y de alguna manera tu ideología y tu pensamiento se reflejarán, y los cuadros llevarán a una reflexión.

Durante el confinamiento mucha gente ha comenzado a pintar o ha retomado actividades artísticas. ¿Qué puede aportar el arte al ser humano en momentos extraordinarios?

Es un descubrimiento magnífico porque el ejercicio de buscar una expresión artística dentro de ti necesariamente te cambia. Te aporta tranquilidad frente a una situación que ha sido muy dura para mucha gente, facilita la convivencia, te hace más tolerante y te hace ver las cosas con una lectura mucho más sosegada.

Además, cuando la gente toma contacto con la pintura cambian dos cosas. Una es la apreciación sobre el trabajo que está plasmado en un sitio, porque cuando coges la brocha o la espátula y quieres hacer algo con sentido te das cuenta de que no es tan fácil. Y la otra es que descubren el placer que aporta y se convierten en niños. Con la pintura entras en un espacio en el cual el tiempo desaparece.

¿Cuáles son sus próximos planes de futuro?

Estamos trabajando en el lanzamiento de un proyecto online en el que voy a ceder una parte grande de mi trabajo a unos precios asequibles. Si esto funciona trataremos de captar a otros artistas para que se integren en el proyecto; y también, más adelante me gustaría hacer una macro exposición urbana. El mercado del arte en general se ha convertido en un negocio puro y duro. Con estas iniciativas vamos a hacer asequible el arte a gente que no tenga los recursos y a precios que se puedan pagar.


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