Agustín Jiménez: “La comedia tiene que coger los conflictos y socializarlos”

El actor y cómico actúa este sábado 16 en el Centro Sociocultural Tetuán, dentro del II Ciclo de Humor Maestro Gila.


Monologuista, actor de teatro, guionista, ilustrador, profesor… o, como dice, por resumir: “autónomo”. Este “ingeniero del entretenimiento” tiene un tajo este sábado 16 de noviembre en el distrito, con motivo del II Ciclo de Humor Maestro Gila. Agustín Jiménez, uno de los precursores del género stand up en España, subirá al escenario del Centro Sociocultural Tetuán (Bravo Murillo, 251) con un monólogo que pone el dedo en la brecha generacional. Las risas están incluidas en la entrada (gratuita). Pero antes, ha charlado con Tetuán 30 días:

¿Qué va a encontrarse el público este sábado en Tetuán?

Es un monólogo que habla del conflicto y de cómo conviven las distintas generaciones. Será una actuación donde el público tendrá también su papel, y muy abierta a la improvisación, porque un monólogo es una cosa viva, no empaquetada.

Es el plato fuerte del II Ciclo de Humor Miguel Gila. ¿Qué representó un genio como Gila para el humor?

Gila supuso un salto tanto en el contenido como en la forma. Por un lado, se sale ya del chiste y aparece el monólogo, la narración oral, la vivencia, un formato similar al realizado en EEUU; en cuanto al contenido, lo que da la verdadera dimensión de este comediante es que –mientras unos dicen que no se puede bromear con cualquier cosa– él ya habla de un conflicto soterrado en nuestro país, la Guerra Civil, que había vivido. Decía que lo fusilaron mal, algo trágico que convierte en una anécdota humorística. Esa es la grandeza que a veces tiene la comedia. Por esas dos vertientes asumimos la genialidad de Gila. Como ocurrió con Chiquito, cuando el chiste se dio la vuelta, ya no importaba, era otra historia.  

¿Es el de comediante un oficio de riesgo, con cada vez más límites?

Riesgo en mi época era no querer ir a la mili. Yo fui juzgado por insumisión. Pero siempre digo que si alguna vez te pasa algo de esto, ve a la cárcel, no esperes ni al juicio para explicarte. Vayamos a las últimas consecuencias y a ver qué pasa.

El tema es que la comedia no tiene discusión: si hace reír, hace reír y a veces esto es peligroso. Yo voy a plantar cara a quien me diga que no se puede decir tal o cual cosa haciendo ficción.  Pero peligro real hay en otros países, aquí, lo siento, pero por ahora...

Otro freno es la llamada “dictadura” de lo políticamente correcto…

Pero ahí entra en qué contexto se dice qué. No tiene sentido, por ejemplo, descontextualizar lo que dice un personaje muy ultra en una serie. El humor, la comedia, tiene que coger los conflictos y socializarlos, como cuando bromeas con un amigo sobre su peso, su calvicie… socializas el conflicto, para no arrastrarlo. Lo que ocurre es que mucha gente quiere llevar la barra del bar al altavoz, la charla entre colegas a Twitter… y una cosa es masturbarte en tu casa y otra hacerlo en público, para entendernos. Pero es un debate que existe y que es largo.

En cualquier caso, dile a un cómico hasta dónde puede llegar y lo primero que hará será acercarse a esa valla. Se asomará, tirará calcetines al otro lado… así es el oficio. Si la gente no sabe distinguir las bromas es complicado, pero tiene que ver con los tiempos actuales. También existe el reguetón, los libros de pinta y colorea para mayores…

“Di a un cómico hasta

dónde puede llegar, y lo

primero que hará será

acercarse a esa valla”

En el mundo anglosajón sí parece haber una mayor transgresión…

Porque son una sociedad más sana, que distingue un espectáculo de la realidad, y si no te gusta, no vayas…

Como precursor del stand up en España, ¿cómo cree que ha evolucionado el formato?

Aquí comienza con el Club de la Comedia, cuando a los actores les dan un texto ajeno y a la vez suben cómicos desconocidos con sus propios textos, y se acaban fusionando. Ahí empezamos los Piedrahita, Queque o yo, y al final el programa se da la vuelta y se llena de comediantes.

Ahora la gente es muy de sus cómicos, van a ver al que les gusta, cuando antes eran espectáculos de varios. Por otro lado, llega la comedia rápida, la tele rápida –es el signo de los tiempos, como la música barata– y de ahí el monólogo pegao: con varios chistes seguidos se hace un monólogo, y a algunos les funciona bien, pero una vez, y no deja de ser una involución, donde el material no es tuyo.

¿Cuáles son sus influencias o sus referentes?

Faemino y Cansado han sido siempre la idea de lo que yo entendía qué era la comedia payasa, muy payasa, donde daba igual el texto. Ir de gira con Pedro Reyes fue un sueño cumplido. Luego Les Luthiers, obviamente, o Monty Python. Entre los compañeros tenemos a los chanantes, gente a la que admiro muchísimo, o al grupo Yllana que como ya he podido trabajar con ellos ya no les admiro tanto (risas). Estamos haciendo juntos Ben-Hur, y ha sido un descubrimiento mutuo. Pero he trabajado con mucha gente que admiro: con José Mota, Pepe Viyuela, que fue mi profesor de darse golpes… he tenido buenos maestros.

¿Hay algo que no te haga gracia o con lo que no pueda o deba hacerse comedia?

Se puede bromear con todo, pero hay que saber hacerlo. Un gran comediante coge algo que nadie se atrevía a tocar, y lo transforma en algo distinto. Otra cosa es que alguien lo intente y no se rían, pero es que entonces igual no lo has hecho bien.

Yo he hecho humor sobre pederastia, con Robin y Batman, y Robin saliendo de casa de sus padres por la noche: “¿Pero donde vas con esas mallas? Pues que he quedado con un señor millonario y me ha comprado una moto…”. Si lo sacas del contexto, mueves el foco y lo pones en otra vía, puede funcionar. También he hecho bromas con la Guerra Civil o con Franco –ahora las haces y la gente está un poco con el culo apretao, que es curioso que pase esto–, y digo: “Si no te ríes eres facha, mírale, mírale”. En fin, si no se ríen es que algo ha fallado. Diferente es querer colar un discurso o un mitin, o aquello de no se han reído porque el público no me entiende… No, no, busca. El cómico tiene que buscar siempre la vía.

Por último, ¿qué proyectos tienes a corto plazo?

De momento sigo con la gira de Ben-Hur, y en enero vamos a los Teatros Luchana con Que nadie se mueva, una comedia bastante punki sobre policías… y la hacemos en pleno independentismo. Un momento ideal, ¿eh? Y luego los monólogos y sigo colaborando en la radio con Alsina, y dando clases a chavales en un instituto… También soy ilustrador, y hago de asesor de guiones… en fin, son muchos oficios. Autónomo, por resumir.


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