“Quien dice que la Movida no fue nada es porque estaba fuera, por carca o convencional”

Manolo Campoamor, artista plástico, vocalista de Kaka de Luxe, y vecino de Tetuán


El vocalista de Kaka de Luxe es una enciclopedia sentimental de aquella Movida madrileña de la que fue pionero y protagonista, y que irrumpió en la capital desde finales de los 70. Cantante –también estuvo al inicio de Los Pegamoides–, artista plástico y sobre todo “inventor”, Campoamor vive hoy y experimenta desde su casita de Marqués de Viana con un grupo de música insólito, ropa reciclada reconvertida en piezas artísticas y una cuenta en Instagram donde fotografía a su perra Pinta. Recorremos con él la exposición “Crónica creativa de los 80”, donde no aparece, para baldón de la muestra: “Me echo de menos, pero estoy más al margen de los propios al margen”.

¿Qué ocurrió en Madrid en los 80 para que llevemos cuatro décadas hablando de ello?

Hubo una juventud culturalmente interesada en lo que pasaba fuera de España, donde todo era casposo. Cuando muere el dictador y llega un gobierno más abierto se produce una efervescencia brutal: todo el mundo tenía un grupo, estaba sacando un libro o haciendo algo cultural. Venía gente de Nueva York que Madrid les recordaba a lo que había pasado allí en los 60. Por una serie de circunstancias la gente de una misma edad empieza a trabajar en cosas muy interesantes.

¿Qué te parece quienes critican aquella época?

Quien dice que la Movida no fue nada es porque estaba fuera de ella, por carca o por convencional. Pero sí lo fue. A mí, este revival de los 80 me parece muy bien, porque fue un tiempo muy creativo. Es cultura, fue una generación que hizo algo muy vistoso, que se salió de una cosa encapsulada y rancia.

Una de las personas cruciales en esa explosión fue Paloma Chamorro.

La conocimos un día que vino a un concierto nuestro. Estábamos en el escenario y la vimos. Yo flipé. Paloma tuvo todo lo que molaba, lo más underground. Ella era una intelectual, de música no sabía tanto, pero se rodeó de todos nosotros, que estábamos al día, y con eso hizo el programa cultural más increíble que ha habido en España.

Años después nos reunió, ya en la etapa de Pegamoides, cuando La edad de Oro. En esa época Carlos (Berlanga) y yo no salíamos de su casa, vivía por la Costa Fleming, y allí nos acogía a todos. Íbamos a sus fiestas y nos metíamos como 30 en un coche, recuerdo que una vez Olvido se pilló el pelo en la puerta y fue todo el viaje con medio pelo fuera y el cuerpo dentro.

¿Cómo llegaste a cantar en Kaka de Luxe?

Coincidí con Olvido en un concierto en el 76 en el que éramos los únicos punks, y al volver de vacaciones, la llamé y me dijo que preparaban un grupo y que si quería ser el cantante. Y yo: ¡claro!: no estoy estudiando, ni trabajando, no quería hacer nada. El grupo ya estaba formado con ella, Carlos Berlanga, Nacho (Canut), Enrique Sierra y Fernando Márquez, El Zurdo. Los únicos punks éramos Nacho, ella y yo, pero me cayó bien todo el mundo. Musicalmente éramos una birria, pero fuimos pioneros. A veces me bajaba del escenario en medio del concierto para vernos actuar, porque no me podía creer que estuviera en ese grupo, qué pasada.

En el libro ‘Música Moderna’, el Zurdo dice que contigo llegó el “escándalo” a la banda, y te llama “elemento perverso”. ¿A qué se refería?

A que todos eran unos pardillos y yo iba de sobrado. Tomaba drogas, hablaba de chicos y ellos –Carlos y Nacho– eran dos homosexuales muy reprimidos, yo pensaba que eran pareja, pero no. Ellos no fumaban ni bebían, entonces El Zurdo me vio llegar ahí como un huracán...

Le dijiste que no a Almodóvar…

Qué valor tuve. Fue en la época de los Pegamoides. Nos propuso salir en Pepi, Luci… y le dije que no. Pero es que yo me sentía… es que yo era mil veces más moderno que él, que era una cosa como más folclórica, y la película se iba a titular Erecciones Generales, ¡cómo iba a salir yo en eso! … aun así, aparezco entre el público en la actuación. Pero en los rodajes ahí estábamos todos, porque eran fiestas que duraban hasta la noche durante meses. Una vez me tocó ir en taxi a buscar a Carmen Maura a su casa, para traerla al plató. Tú estabas por allí y de vez en cuando te tocaban esas cosas.

¿Cuándo decides salirte del grupo?

En 1980 Carlos y yo nos apuntamos a Artes y Oficios, nos examinamos –y sólo aprobé yo, eh–, e hice cinco años de carrera. Ahí dejo el underground, porque quería pintar y tener una formación académica. Para luego no usarla, pero sí quería la disciplina. También empiezo a hacer exposiciones en serio en galerías, que me atraía mucho. Entretanto yo seguía yendo a todos los saraos… Carlos fue cogiendo soltura en lo de cantar, ya le daba menos corte, pero a Los Pegamoides se les empezó a hacer caso porque Olvido cogió el micro. Era el trato que tenían con su productor: os lanzo con la condición de que cante ella, que tenía muchísima imagen, era muy joven, vestía muy bien, y aquí todavía no había muchas mujeres así.

Vives en Tetuán, donde ya pasaste parte de tu infancia…

Hasta los 10 años o así viví en la calle de Tenerife, en el 48, y estudié en el Colegio Zumalacarregui [hoy, Jaime Vera]. Recuerdo que hacía novillos para ir al Cine Europa y al Montija, donde me pasó como a Bowie [“Bowie es Dios”, añade]: vi una película que me cambió la vida: 2001, Odisea en el Espacio, de Kubrick. Se me abrió el mundo. Yo no sabía que el cine también podía ser arte, pensaba que era Tarzán, indios y así. También iba al Rastro de Marqués de Viana, me gustaban esas casitas bajas, y fíjate: ahora vivo y tengo mi taller en una.

También has vuelto a la música. ¿Qué es Manolo Campoamor Kuadrilla (MCK)?

Es, sobre todo, experimentación. Te juro que nunca he oído nada igual. Somos seis personas, uno de cada década, desde el mayor, que soy yo, hasta Alegra, la hija de mi amiga Lucía Etxebarría, que tiene 19 años. No ensayamos, tocamos 20 minutos y cada actuación es distinta. Nunca repetimos porque no existen los temas, yo voy dando directrices sobre el escenario. Hay saxo, trompeta, batería, bajo, teclado y lo que se me va ocurriendo, desde jazz distorsionado con el móvil hasta una turuta, que me encanta porque no se necesita saber tocar.  

Músico, artista plástico, ¿cómo te identificas?

En Google unos meses salgo como músico y otros como artista, y eso me encanta. Soy artista plástico, la música que hago es un concepto plástico. Me interesa lo experimental, desde pequeño. El pop me gusta, y el rock, muchísimo, pero yo no quiero hacer eso, una canción como la que hace cualquiera de mis compañeros… eso ya está hecho, quiero una cosa nueva, lo más nuevo que se pueda. Me excita subirme al escenario y ver la reacción. No es por epatar. Si no me sorprende, lo desecho. Quiero inventar. Mi etiqueta en Google debería poner inventor, porque es lo que me obsesiona.

Además de la música, Manolo Campoamor está inmerso en un proyecto de arte textil con prendas recicladas junto al pintor Miguel de Unamuno, tiene un canal de entrevistas en Youtube titulado “Un cuarto de oro” y desde la pandemia gestiona un perfil de Instagram donde experimenta a través de montajes con fotografías de su perra de 17 años.

La Movida, en nombres propios:

Bernardo Bonezzi: “Un genio, un tío muy interesante. Y Los Zombies, el mejor grupo sin lugar a dudas. Le conocí antes del punk, haciendo fanzines. Era el más joven de todos, debía de tener como 13 o 14 años”.

Carlos Berlanga: “Una maravilla, buen chaval, que sólo tenía ese problema de que era muy inseguro”.

Javier Pérez Grueso (Javier Furia): “Vivía en María Zayas. Gran amigo mío y el primer cantante de Radio Futura”.

Alejo Estivel y Tequila: “Eran la bomba, tenían una fuerza… la de ‘Vamos a cantar un rocanrol a la plaza del pueblo’ ahora parece una tontería, pero entonces era lo que queríamos ver todos. Tuvieron mucho éxito, pero se pillaron con la droga, les vino un poco grande. Claro que todos los músicos que nos gustaban eran politoxicómanos y todos pensábamos que esa era la manera de ser músico”.

Fabio McNamara: “Fabio era mucho, y era así siempre. Muy seguro de sí, no necesitaba decir nada, salía así y ya te estaba diciendo toda su vida. A Fabio y a Javier (Furia) los conocimos completamente travestidos, cuando venían a vernos ensayar con Kaka de Luxe. Se ponían en la puerta para ver si los fichábamos, y nos parecían fabulosos, pero lo suyo era el glam y nosotros ya estábamos en otra cosa”.

Eduardo Benavente: “Un pieza, también con mucha seguridad en sí mismo. Como el resto, lo copiaba todo, de Siouxsie y de cosas anteriores. Era batería de un grupo blando pop, se fue a Londres y vino completamente siniestro, se empapaba como una esponja de todo aquello”.

Andy Warhol: “Estuve en la exposición que le dedicaron cuando vino a Madrid. Le dimos la mano, le conocimos personalmente, había sido nuestro héroe. Era muy soso, no hacía mucho caso, aunque también era su postura, era introvertido”.

Herminio Molero: “Fundó Radio Futura, un artista cojonudo”.

Ceesepe: “También fue un buen amigo, y una gran persona, conmigo se portó muy bien”.

Poch (Derribos Arias): “Coincidí con él cuando vino a Madrid. Fue batería de Los Pegamoides en la época en que cantaba yo, y como estaba a dos velas se quedaba a dormir en el local de ensayo”.

 


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