“Aún hoy sigo soñando que soy campeón mundial”

Entrevista a José Manuel Berdonce, el “Tigre de Tetuán”

Que me perdonen los chamberileros, pero el auténtico Tigre del ring no nació en su barrio, sino más al norte de Cuatro Caminos. Manel Berdonce, nueve veces campeón de España –más que ningún otro–, campeón del mundo hispano y número uno de Europa; también, más de 100 puntos en la cara, la nariz rota tres veces y varias fracturas de mano y costillas. Lo que ningún rival logró quebrarle, ni dentro ni fuera del cuadrilátero, fue un corazón enorme y una capacidad de sacrificio gracias a la que salió indemne de un barrio sin futuro. Bastan unos minutos con él para notar el cariño de los tetuaneros. Aunque algunos no se enteren.

T30d: Dejó de ser seleccionador en verano. ¿Qué hace ahora el “Tigre”?
M.B: Sigo entrenando a personas como el presidente del COE o Cayetano Martínez de Irujo, y ayudo a deportistas de otras disciplinas a mejorar su rendimiento. Luego tengo varios proyectos, uno de ellos es abrir un gimnasio. Hasta ahora me he pasado 200 días al año viajando y ya quiero disfrutar un poco de familia y amigos.

T30d: Hace 15 años rozó el campeonato europeo, y poco después tuvo que dejar el boxeo. ¿Cómo fue colgar los guantes?
M.B: Me retiré por una lesión en la mano cuando ya estaba apalabrado el título mundial. Lo pasé mal, porque era joven y no estaba preparado para eso. Entonces, el que era mi entrenador llegó a seleccionador y me llamó para ayudarle. Fue una manera de seguir dentro, y en el equipo nacional he estado 12 años, los últimos siete como seleccionador, donde he conseguido 90 medallas internacionales. Pero durante mucho tiempo seguí entrenando por si podía seguir boxeando. Lo soñaba todas las noches: a día de hoy sigo soñando que soy cam-peón mundial.

T30d: Ha llevado la bandera de Tetuán por todo el mundo…
M.B: Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero yo he defendido mi barrio allí donde he ido. En estas calles me quiere todo el mundo, aunque a nivel institucional nunca me han llamado para nada. He comido con el Rey y con la Familia Real, con ministros, presidentes… con las gentes más importantes del país, pero siempre eché de menos que al menos una vez me hubiera llamado alguien de Tetuán. Hace unos años fuimos a hablar con la concejala porque yo quería poner una escuela de boxeo para que la gente de la calle tuviese un sitio, para ayudar al barrio. Fui a solicitar un local –que pensaba pagar, nada gratis– y nos atendió un ayudante que nos ofreció comprar un polideportivo por tres millones de euros.

T30d: ¿Decepcionado?
M.B: Con 44 años ya estoy por encima de esto. Igual no me da, porque todos tenemos nuestro corazoncito, pero bueno, me alegra venir por aquí y recibir solo muestras de cariño.

T30d: ¿Cómo era el Berdonce boxeador?
M.B: Solo pensaba en entrenar, boxear, ganar todo lo que pudiera para el bienestar de mi familia. Pero sobre todo mi meta era ser la mejor persona posible y ayudar a todo el mundo. No conozco a nadie que ayude a las personas y sea infeliz.

T30d: Viene de una familia humilde, en un barrio pobre del que no todos salieron a flote…
M.B: Afortunadamente tengo una familia que siempre ha estado conmigo. En la vida, como en el boxeo, hay que estar siempre luchando, desde que te levantas. Yo he pasado de dormir en el suelo a dormir en un palacio, pero para eso he tenido que sufrir mucho. En el Campeonato de Europa orinaba sangre porque no me funcionaban los riñones, me partieron las costillas, las dos cejas, me rompieron la mano y seguí buscando la victoria. Fue en el único combate que me derribaron, y me levanté; perdí, pero me eligieron para el campeonato mundial. Si me hubiera entregado, no me habría ocurrido.

T30d: ¿Cómo ve el boxeo español actual?
M.B: Hay buenos boxeadores, pero el problema es que al boxeo no se le ayuda. Castillejo ha sido campeón mundial y apenas lo conocen; yo en España era el boxeador que más gente llevaba, y la repercusión era mínima. Luego está el estigma, que no se logra quitar, pero en este deporte hay gente buena y mala, como en el fútbol o en la medicina. Hay que luchar para dignificarlo, y para ello doy muchas charlas en colegios, en prisiones….

T30d: Se presta más atención a cuando alguien se cae…
M.B: Las historias de superación no interesan, pero si yo mañana cometo una imprudencia sale en todos los lados: “el boxeador” ha hecho tal cosa. Vengo de un barrio humilde, para mí el mejor del mundo, y cuando bauticé a mi hijo la Duquesa de Alba, Grande de España, fue la madrina y vino a la iglesia aquí. Su hijo Cayetano y yo nos llamamos hermanos, fui testigo en su boda y vivimos vidas paralelas, yo por abajo y él por arriba, pero la prensa dice que soy su matón. No buscan la historia de amistad de dos personas tan diferentes. No interesa.

T30d: ¿Se fijaba en alguien de pequeño?
M.B: Mi padre boxeó por el campeonato mundial y fue campeón de Castilla y yo lo único que pensaba era en ser algo. No me gustaba estudiar, era el mal ejemplo y todos decían que no valía nada. Eso me dolía. Quise darle la vuelta y me sacrifiqué para ello. Y no fue fácil: mi mejor amigo murió por la droga a los 18 años; el único que me quedaba estaba en la cárcel; he vivido situaciones duras, pero he luchado y he salido adelante gracias a mi constancia, a mis padres y a mi familia. Al año nuevo siempre le pido salud e ilusión, si no tienes ilusión estás muerto.

T30d: Tetuán, su familia, el boxeo… y el Real Madrid.
M.B: Con el mejor equipo del mundo no puedo ser objetivo. De pequeño jugué allí cuatro años y aún recuerdo el olor del Bernabéu. De haber sido futbolista habría sido de los luchadores, hubiera sido como Juanito.

Manel recuerda aquel día en que fue al cine a ver Rocky. Ahí estaba su vida. Una vida en la que reserva el papel protagonista para su mujer. “Sin ella yo no hubiera llegado a nada”. Y tras la charla uno ya no sabe si admirarle más como campeón o como persona.

David Álvarez de la Morena


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