Nuestra Señora de las Victorias, el 'hogar' de la patrona de Tetuán

Fue construida en los años 30 del siglo XX por el arquitecto de los edificios ‘Titanic’, y entre los suscriptores que contribuyeron a su levantamiento hubo un "golfo de Lavapiés" muy real


Fue en 1934, el mismo año en el que se terminó de construir el edificio que albergaría el Ayuntamiento de Chamartín de la Rosa, cuando Tetuán inauguró su iglesia parroquial, ubicada en la calle de las Azucenas y dedicada a Nuestra Señora de las Victorias, patrona de la barriada desde que el Ejército acampara en la Dehesa de la Villa antes de su entrada triunfal en la capital, tal y como reza su himno: “Cuando las tropas aquí llegaron/ de África con sus glorias/ a ti, Virgen te proclamaron/ Reina de las Victorias”.

No había sido el primer templo tetuanero que rindió devoción a la virgen africana. Antes, en 1865, el barrio había contado con una capilla en la antigua calle de Santa María –hoy, Lino–, y se había iniciado una colecta vecinal para construir una iglesia mayor, en un solar situado en la calle de Tetuán (Roble), entre las de San Martín (Caballero Palacios, hoy desaparecida) y General Margallo. La construcción de esta se demoró por falta de dinero, hasta que finalmente pudo ser levantada en 1883, obra del primer Marqués de Cubas. Aún se conserva alguna estampa de este templo “pequeño y sencillo, que parecía una ermita”, constituido como capilla auxiliar de Chamartín y que pasaría en 1891 a convertirse en parroquia.

Habría que esperar hasta entrada la segunda década del siglo XX para que se construyera la actual iglesia parroquial, gracias a un concurso convocado por la Junta de Obras, cuyos ganadores fueron los arquitectos Casto Fernández Shaw y Miguel Durán Lóriga. El primero era junto a Joaquín Otamendi autor de los edificios Titanic, levantados unos años antes en Reina Victoria, y acababa también de terminar la gasolinera Porto Pi, en Alberto Aguilera, una de las primeras muestras de la arquitectura moderna en España. Por su parte, Durán realizó la famosa escalinata de la Iglesia de Santa Bárbara, restauró la Casa de la Aduana, en la calle de Alcalá, y fue uno de los ganadores del concurso para levantar los Jardines de Sabatini, junto al Palacio Real.

El 28 de julio de 1928 el patriarca obispo de Madrid-Alcalá, Leopoldo Eijo y Garay, ponía la primera piedra del templo, que abriría al culto en junio de 1934, siendo párroco Félix Pérez de Gracia.

Castiza, sencilla y económica

La idea de los arquitectos fue adoptar una tipología de templo ya propuesta en la comarca madrileña, que evocaba una “época gloriosa para la Iglesia española”, pero adaptada a “las posibilidades económicas y los procedimientos constructivos modernos”, tal y como se explica en el primer número de la revista ‘Cortijos y Rascacielos’ (verano de 1930), cuyo director era el propio Fernández Shaw. En definitiva, un templo que “unía a su casticismo e intimidad la ventaja de ser sumamente económica”.

El edificio elimina todo elemento arquitectónico superfluo en el exterior y simplifica al máximo la decoración en el interior, pese a lo cual es desde dentro donde se puede apreciar mejor su grandiosidad, tal y como ocurre en otros templos del distrito. La obra fusiona además elementos mudéjares y góticos con detalles renacentistas como el pórtico, el empleo de óculos o los arcos y columnas que separan las tres naves de su planta de cruz latina.

Las cubiertas y la bóveda de madera aportan la nota castiza de un sencillo artesonado de inspiración mudéjar, y cuenta con un ábside decorado con frescos de escenas de la Virgen, de autor desconocido. En el proyecto original figuraba además un esbelto campanario en el extremo del crucero izquierdo, que no llegó a realizarse.

Las 1.000 pesetas del “golfo de Lavapiés”

El presupuesto total para su construcción fue de 563.573 pesetas, y las obras se costearon mediante una suscripción popular. Entre los contribuyentes figuró un anónimo que resultó ser nada menos que el rey Alfonso XIII. La divertida anécdota la cuenta Félix Morales en el libro ‘Tetuán de las Victorias’: un tal Carlos Mendoza, que ayudaba en la suscripción, recibió una carta anónima con 1.000 pesetas como ayuda para levantar el templo. La misiva, que años después fue publicada por el diario ‘Ya’, empezaba así: “Amigo don Carlos: aun cuando no tenga usted el gusto de conocerme, le llamo amigo, porque si no, no sé cómo empezar; pero como no me conoce, no le diré nombre, porque, ¿para qué? Para que se quede con la boca abierta pensando… ¿Quién será este…?”. El ilustre anónimo, que firmaba la epístola como “un golfo de Lavapiés”, aseguraba además que tenía un primo que vivía en la barriada. Y continuaba: “… me dije, digo: a ese don Carlos le ayudo yo, y esas 1.000 pesetejas que tenía guardadas para la próxima temporada de toros se las envío, que pa mí que con 1.000 pesetas algo se puede hacer”.

La nueva iglesia y la capilla de la calle de Tetuán coincidieron durante algún tiempo, pero ninguna de las dos sobrevivió a la Guerra Civil. El solar de la antigua capilla, transformada en refugio, quedó tras la contienda convertido “en estercolero”; mejor suerte corrió la nueva parroquia, pese a haber terminado como “un montón de escombros”, según el libro de Morales: una década después, los mismos autores la rehicieron respetando completamente el modelo original. Con el tiempo, no obstante, el edificio ha sufrido algún que otro deterioro. El libro ‘Arquitectura de Madrid. Ensanches’, de la Fundación COAM, señala que “añadidos y reformas posteriores han dañado la presencia urbana hacia el lateral izquierdo y han desfigurado la cubierta del cimborrio con un impropio acabado de pizarra”.

La nueva talla de la patrona, copia de la primitiva, fue realizada por el escultor Juan Garcia Talens, y puede contemplarse actualmente en el extremo de una de las naves laterales del templo, o bien en la procesión que se lleva a cabo durante los festejos del distrito, momento en el que la parroquia cobra importancia, con la celebración de la ofrenda y la misa solemne, así como de diversos conciertos, que también se llevan a cabo en el periodo navideño.



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