Jero García, un ‘hermano mayor’ en la esquina del nuevo ring de Tetuán

El polifacético entrenador abre su Escuela de Boxeo en el distrito


Levantarse de los golpes ha sido la constante en la vida de Jero García, polifacético ex boxeador y entrenador del noble arte, ‘Hermano Mayor’ televisivo y, desde hace unas semanas, patrón junto a su amigo Tomás Martín de La Escuela de Boxeo de Tetuán. Por eso no tiró la toalla cuando el estado de alarma noqueó su apertura en la calle de Miosotis, 80, prevista para una semana después de que llegara el confinamiento. “No somos el golpe, sino cómo nos levantamos”, repite.

Jero quiere replicar su célebre escuela de Puerta del Ángel en un distrito como Tetuán, que conoce bien. Un distrito que fue escondite de todo un campeón mundial y donde el eco de los guantes perdura en nombres como Manel Berdonce, el ‘Tigre de Tetuán’, en marcas como ‘The Insane Charlie’ o en la tres veces campeona del mundo Joana Pastrana, vecina también de estas calles. “Manel y yo somos hermanos, no de sangre, pero sí de muchos años de amistad, aunque ahora no sé si me perdonará haber puesto un gimnasio en su barrio”, bromea.

“Hemos aprovechado el confinamiento para prepararnos y cuando nos han dejado hemos abierto”, explica Jero, deseoso de que la nueva escuela, “se convierta en una familia, juntar una tribu en Tetuán, como ya ocurre en Lucero”.

La Escuela, comenta, está abierta para todos, “desde el niño de siete años que necesita canalizar su agresividad pegando al saco, al oficinista que quiere liberarse del estrés, o para quien quiere guantear o ser profesional. Intentamos dar a cada uno lo que necesita. El boxeo está muy bien para sudar, pero es excelente si además sales por la puerta habiendo aprendido algo”.

Carabanchel, años 80 

Él lo lleva haciendo desde que a los cinco años acudía de la mano de su abuelo a las veladas de El Pardo. No obstante, hubo de pasar por el full contact y el kick boxing antes de ponerse definitivamente los guantes. “Yo tendría que vivir tres vidas para agradecer al boxeo lo que ha hecho por mí, y lógicamente quiero trasladarlo, que los demás sientan lo que yo”, señala.

El camino no ha sido fácil. “Vengo del Carabanchel de los 80, muy parecido al Tetuán de esa época, a La Ventilla, mercados de la droga. Como Manel, navegamos en esos mares peligrosos. Yo además tuve otro hándicap: estoy diagnosticado TDH −trastorno por déficit de atención e hiperactividad–, siempre he sido muy impulsivo, aunque nunca falté el respeto a mis padres. Me considero un trastornado de conducta y lo seré siempre, pero con el tiempo adquieres herramientas para limitarte, para pelear contra tus demonios. El deporte, además de la formación, me dio la posibilidad de enfocarme”.

Esas herramientas le sirvieron para convertirse en ‘Hermano mayor’ de jóvenes descarriados en la pequeña pantalla. “Tengo inquietud por todo, estoy casado con el boxeo, pero mi amante siempre ha sido la televisión. He hecho series y películas y he sido productor de tres programas, pero siempre como hobby. Al final, haber llegado a las ‘grandes ligas’ me ha hecho darme cuenta de que todo eso está muy bien, pero que estoy mejor en mi gimnasio”, reconoce.

Otro de los perfiles más reconocidos de Jero García es su labor social, apuntalada hace años desde su propia Fundación, que es hoy parte fundamental del reparto de alimentos para las colas del hambre en Aluche, y que llegará a Tetuán una vez el negocio alcance el equilibrio. “Mi rol social no va a parar, intentaré ayudar al barrio en lo que se pueda, porque tanto Tomás como yo tenemos ese cariño especial que mucha gente necesita”. El mismo cariño con que le trató de joven aquella oenegé del barrio del Tercio, en Carabanchel, y que no olvida: “Me enseñaron ese rol solidario, y cuando empecé a entrenar a gente me di cuenta de que tenía capacidad para transformar personalidades. Ahí me hago consecuente y responsable, y por eso monto la Fundación Jero García”.

Una victoria de la peor derrota

El siguiente golpe, sin embargo, estaba a punto de llegar. “Comienzo luchando contra la exclusión social, pero un día me doy de frente con la violencia, cuando descubro que una niña a la que entrené durante un año había sufrido violencia de género, sin que yo supiera detectarlo. Fue una de las peores derrotas que he tenido, pero eso me rebeló y al día siguiente comencé a formarme en prevención de las violencias”.

Esa niña se llama Miriam Gutiérrez y hoy es campeona del mundo, concejala de Mujer y teniente de alcalde de Torrejón de Ardoz. “Es una victoria fraguada desde una derrota, que no creo que se me olvide nunca”, recuerda Jero. Llegarían otros reveses, como cuando abrió su primer gimnasio, que coincidió con la otra gran crisis financiera; o el día del estreno de su ‘Hermano Mayor’, a la misma hora del atentado de Bataclan, o este último golpe en Tetuán, antes siquiera de empezar.

Un Tetuán por el que hace 60 años deambulara otro campeón mundial, esta vez de los pesos pesados y estadounidense, como Floyd Patterson. Lo contaba David Gistau, que se lo leyó a Gay Talese. Tras una estrepitosa derrota contra Sonny Liston en 1962, el abochornado Floyd se plantó una barba postiza y cogió el primer avión que salía de EE UU. Llegó a Madrid, y aterrizó en una pensión de Cuatro Caminos. Durante varios meses el púgil anduvo ocultándose por estas calles, lamiéndose las heridas de su vergonzante fracaso. Al regresar de su huida, intentó la revancha. Liston lo volvió a tumbar, esta vez en el primer asalto.

“Ponerte a llorar en una esquina no es aprender”, recuerda Jero. “Lo que somos es la actitud que tomamos ante la derrota. La adversidad y la frustración son inherentes al ser humano, y yo aquí siempre voy a permitir que se caigan, pero no que no intenten levantarse. No somos la hostia, somos lo que hacemos después de recibirla”.


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