Pintura y cerveza artesana, el audaz maridaje de tres artistas en Tetuán

Las pintoras Inés y Claudia y la 'chef' Lucía quieren abrir su taller en el barrio a eventos culturales y gastronómicos


Desde hace unos meses, en un rincón casi inadvertido de la calle de Nuestra Señora del Carmen, se gesta un espacio creativo donde tres mujeres se dedican en cuerpo y alma al arte y a la gastronomía. La amplia nave-loft está flanqueada a cada lado por los cuadros de las pintoras Inés Rubio y Claudia Alonso-Allende, y que cuenta además con dos patios luminosos de aspecto estupendo para degustar las especiales cervezas que elabora, en el pequeño laboratorio situado en una habitación contigua, Lucía Arenzana, la chef de este trío de jóvenes deseosas por dar a conocer al barrio sus artísticas propuestas.

“Queremos abrir al público, y que cualquiera pueda venir a un evento gastronómico y, a la vez, ver nuestros cuadros, o al revés: que vengan por las pinturas y se queden a tomar una cerveza”, explica Lucía, que hace unas semanas fue la anfitriona de los aspirantes de ‘Masterchef’, a quienes impartió una clase magistral sobre maridaje con cerveza. “En unos días, el espacio acogerá un evento de yoga, porque la idea es mezclar artes, conocimientos y gentes; que vengas sin saber lo que te puedes encontrar o aprender”, añade.

Ella acababa de regresar de Australia con la idea de buscar un local para su proyecto cervecero, y coincidió con Inés, que había sido compañera del colegio, y que acababa de dejar su trabajo en un estudio de arquitectura para dedicarse definitivamente a la pintura; sólo faltaba Claudia, a quien Inés conocía a través de sus primas, y que también buscaba su espacio: “Al principio la idea era tener un taller para que cada una pudiera producir sus obras, y cuando encontramos este local nos enamoró; así, empezamos a invitar a amigos y vimos que les interesaba mucho esa mezcla de arte y gastronomía, y nosotros nos dimos cuenta de que teníamos que crear en paralelo un proyecto conjunto, que juntando las pasiones de las tres saldría algo más potente”, señala Inés Rubio.

Claudia, tetuanera de la calle de Jaén, explica que “una de las cosas malas de la vida del artista es que estás solo, y a veces pierdes la perspectiva. Te encierras en tu obra y acabas por verla solamente tú, así que necesitas que alguien te saque de esa abstracción”. Sobre su colega, añade: “Combinamos muy bien, porque nuestros estilos son muy dispares: Inés es psicodélica y yo una romántica empedernida, así que en ocasiones yo le ayudo a bajar la sicodelia, y otras es ella quien me sube la energía”.

Tres trayectorias unidas en el barrio

Inés Rubio lleva pintando “toda la vida” –incluso ha expuesto fuera de España–, si bien tras su doble grado en Arquitectura y Bellas Artes se decantó por la “solidez” laboral de la primera: “Por entonces pintaba después de trabajar y por encargo. Me pedían de todo, desde un retrato hiperrealista a pintura impresionista, hasta que decidí dejé el estudio porque mi pasión eran los pinceles. Quería además pintar lo que llevaba dentro, y ver qué acogida podía tener”, dice, antes de enseñar los bordados de una de sus últimas colecciones. “Toda mi obra está enfocada al cuerpo humano, el color es muy importante, y las manos, una de mis obsesiones”.

Por su parte, Claudia Alonso-Allende, artísticamente Chitoarte, también tuvo que abandonar los encargos “porque me dejaba poco tiempo para realizar mi obra, y terminé casi aborreciendo pintar”, recuerda. Así, esta graduada suma cum laude por la Universidad Complutense y que también ha expuesto dentro y fuera de nuestras fronteras, quiso recuperar el camino de los paisajes, que ya había probado durante la carrera. Unos cuadros con aires de Turner que ha plasmado en sus Puzles de agua: un proyecto “abierto al juego y la libre interpretación” formado por series de nueve lienzos con el líquido elemento como hilo conductor y que se pueden dividir, combinar o cambiar de orientación.

Por último, la chef Lucía Arenzana estudió en el prestigioso Basque Culinary Center antes de irse a recorrer mundo profesionalmente: ha trabajado en Dinamarca, Bolivia y Australia, donde vivió seis años. En este periplo descubrió la cerveza artesanal, “y me explotó la cabeza, así que cuando regresé ya tenía en mente la idea de crear algo relacionado con este mundo”. Así nació That Luc, una marca con el sello de Lucía y que propone varios tipos de cerveza, desde la de sabor más acostumbrado hasta la más exótica, con toques de fruta y sidra, todas creadas por ella en misma en el taller. “La cerveza artesanal no solo está mil veces mejor que la industrial, es que además está hecha con ingredientes de mejor calidad y tiene muchos más nutrientes”, asegura.

Aunque estas tres jóvenes creativas ultiman durante estos días su proyecto para abrirlo definitivamente al barrio con un programa de eventos más ordenado, tampoco rechazan a aquellos curiosos que quieran acudir a disfrutar del arte y la gastronomía que se cuece, casi inadvertido, en pleno barrio de Tetuán.


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