Claramore: “'Nos recordarán' es un libro para cualquiera que quiera saber más sobre arte, más allá de lo de siempre”


Tras el éxito de su primer libro, Un Van Gogh en el salón, la historiadora del arte especializada en Crítica y Comunicación Cultural, Clara González Freire de Andrade (Benidorm, 1995), más conocida en redes como @Claramore_, publica Nos recordarán. Vecina de Tetuán desde 2019, la divulgadora multiplataforma presenta una obra concebida como la primera historia del arte LGTBIQ+ narrada en formato de periódico y estructurada a través de los colores de la bandera del Orgullo.

¿Cómo llegas a ser historiadora del arte y luego hacer divulgación en redes?

La historia del arte es como mi serendipia. Yo quería ser periodista, pero una profesora en segundo de bachillerato me explicó la historia del arte con el tono que necesitaba en ese momento y me quedé enganchada. Sin embargo, no me veía trabajando en las salidas tradicionales que da esta carrera y empecé a hacer divulgación sin saber que lo que yo hacía era divulgación, porque no existía ese concepto. Después, con el tiempo y la constancia, acabé escribiendo en varios medios como Verne o El Confidencial y salté al formato vídeo tras la pandemia. Ahora escribo en El Orden Mundial sobre temas vinculados con la política internacional y sobre temas de crítica social, y también estoy en varios podcast y en Instagram haciendo divulgación.

¿De qué trata ‘Nos recordarán’?

Trata de educar una mirada que nos ha sido negada dentro de la historia del arte. Esta es una disciplina muy nueva y se ha constituido en base a una serie de sesgos que ha priorizado que trasciendan determinados nombres, y también que se den por hecho determinadas cosas que no son probables. En el caso del tema la orientación sexual hay muchísimos artistas de los cuales se ha evitado hablar de sus afectos, de la de la orientación sexual que tenían, no tanto para decir "este señor era gay", sino para poder estudiar su obra desde la perspectiva de un hombre que se siente atraído por otros hombres. Es algo que es importante porque aquí sale también la idea de la separación de la obra de artista y, para mí, como historiadora del arte, esto es absolutamente imposible porque la obra es hija de su tiempo y es hija de su autor. Cuanta más información tengas de su tiempo y de su autor, mejor vas a poder entender esa obra, al menos en su contexto original.

El libro propone tanto recopilar obras y artistas que todo el mundo conoce, pero que tal vez se ha evitado hablar de ellas desde este prisma porque a mucha gente le incomoda, como también recopilar artistas o historias que en su época tuvieron reconocimiento, pero que por el mero hecho de no pertenecer a un canon normativo, la historiografía las borró. En definitiva, es un libro para cualquier persona que quiera saber más sobre arte, más allá de lo de siempre.

¿Cómo ha sido la investigación de cada obra?

He descubierto muchísimas historias nuevas, porque aunque estoy concienciada también aprendo mientras escribo e investigo. Y he disfrutado muchísimo mientras lo estaba haciendo, porque tenemos el sesgo que nos enseñan, que a día de hoy sigue siendo el mismo; un canon que básicamente es europeo o norteamericado, es decir, blanco. Además, casi todos los artistas que trascienden, mujeres y hombres, son burgueses y cisheterosexuales. Así que he descubierto muchísimos artistas. De hecho, me he descubierto leyendo papers en croata en Google Lens sobre una determinada artista de la cual solamente encontraba ese paper. Al final investigar sobre mujeres en historia del arte es muy complicado porque se mezcla una doble invisibilización: por ser mujeres y por ser sáficas.

¿Qué historia destacas de ‘Nos recordarán’?

Destaco la Louise Catherine Breslau, que tuvo cierto reconocimiento en su época retratando casi siempre a la que fue su pareja y el amor de su vida, Madeleine Zillhardt. Fue de las primeras mujeres en estudiar en la Academia de Bellas Artes y pintaba retratos íntimos de la esfera doméstica, en los cuales tenía la manía de meter muchas violetas dentro de sus flores. En el libro me permito la licencia de imaginar que esas violetas son su forma de decir, entre líneas, que lo que las unía era una relación más allá de la amistad, porque la violeta es una flor que ha estado muy asociada con el deseo entre mujeres. De hecho, es una flor que viene de Safo de Lesbos, pues en sus poemas hablaba de las violetas y de coronarse con violetas, es la flor sáfica por excelencia.

¿En la historia del arte se ha borrado o se ha silenciado a las personas de los márgenes?

Las dos cosas. Creo que se ha borrado porque hay muchas historias que han resultado incómodas para esos académicos tradicionales que en el siglo XIX se sentaron a empezar a escribir la historia del arte que hoy conocemos. Y por otro lado, han silenciado las partes que no les interesaba que estuviesen porque hay artistas conocidísimos por todas que eran disidentes: Miguel Ángel, el de la Capilla Sixtina, el del David, es un ejemplo perfecto y su obra en gran medida no se entiende sin saber de su atracción por los hombres. Y es algo que dentro de la historiografía ha sido como una verdad en silencio. Leonardo da Vinci también, los dos del Renacimiento.

¿Qué dicen los académicos de tus planteamientos?

Se están recibiendo más o menos bien. Tenía la sensación de que iba a ser más hiriente, pero creo que es algo que ya se está trabajando más. Sigue habiendo gente que es reacia a este tipo de cambios, pero en general creo que las instituciones ya han demostrado que están en este camino. De hecho, dos de los grandes museos de Madrid han establecido itinerarios LGTBIQ+ dentro de sus colecciones: el Museo del Prado y el Museo Thyssen.

En Instagram también nos acercas el arte de forma amena...

Creo que no es excluyente una cosa de la otra. El error de la academia es pensar que siempre hay que usar un tono elevado, cuando en realidad es súper importante tener en cuenta el tono que utilizas dependiendo de a quién te diriges. En Instagram no voy a crear contenido como un doctor de universidad porque la gente no busca eso. La clave es entender dónde estás y para mí no es algo que sea contrario con tener rigor.

Foto: ©Alba Vigaray.


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