Las cocinas fantasma "invaden" Tetuán

Los vecinos se quejan de las molestias que provoca este fenómeno, que ya suma al menos seis espacios en distintas zonas del distrito


El boom de las cocinas fantasma ha pillado a muchas personas por sorpresa. En pocos meses, este término, también conocido como dark kitchens en inglés, ha comenzado a oírse entre los vecinos del distrito, y no para bien. Pedir comida a domicilio es una práctica cada vez más habitual y su comodidad desde que comenzó la pandemia ha hecho que despierte el interés de un sector de la población cada vez más numeroso. Sin embargo, lo que muchos no saben es que cuando solicitan el pedido desde la pantalla del móvil, esa comanda no siempre llega a un restaurante. Tampoco la recibe un camarero y el establecimiento donde se encuentra el cocinero no cuenta con sillas ni mesas, donde quizá, otro día, poder ir a disfrutar del plato in situ.

En el último año, Madrid ha visto cómo este negocio se ha propagado como la pólvora por diferentes zonas de la ciudad. Y, hasta la fecha, desde la Asociación Vecinal Cuatro Caminos-Tetuán detallan que han detectado hasta seis cocinas fantasma, ubicadas en distintas zonas del distrito. La primera se estrenó en la calle de José Calvo, 10, y desde aquí fueron expandiéndose. Algodonales, 19; Araucaria, 19, Sorgo, 17 y 53, y la Glorieta de Miguel Rubiales, 1, son las direcciones que han podido comprobar hasta el momento. El funcionamiento es sencillo. El presidente de esta asociación vecinal, Antonio Granero, explica que “las grandes empresas de distribución de comida, como Glovo, Deliveroo o Uber Eats alquilan o compran un local” y, más tarde, “subarriendan a cocineros un trozo”.

De esta forma, se constituyen “micro-cocinas”, donde comienzan a trabajar cocineros con experiencia en una o varias especialidades. Hay restaurantes de comida casera, mexicana, italiana, hawaiana…, así hasta un sinfín de estilos culinarios. Después, a través de las distintas aplicaciones móviles, las cocinas fantasma reciben los pedidos y la red de riders se encarga de distribuir los encargos por toda la ciudad. “Tú te metes en una de estas aplicaciones, pides una pizza y te la va a servir un cocinero que está utilizando un trocillo de cocina, en estos locales compartidos”, expone Granero, al tiempo que denuncia la competencia que también supone para los comercios tradicionales de la zona: “Les están quitando clientela, en estos momentos en los que los restaurantes lo están pasando mal”.

Sumado a esto, los grandes perjudicados de las dark kitchens son los propios ciudadanos. A excepción de la ubicada en la calle de Sorgo, 17, que se encuentra instalada en una antigua nave que en su día funcionaba como taller de reparación de vehículos, el resto de negocios se han establecido en bajos comerciales, pertenecientes a edificios residenciales. Por ello, algunos tetuaneros, como Aurelio Arias, se han puesto en pie de guerra ante la instalación en su entorno más próximo, causando problemas de ruidos, movilidad y residuos. Desde hace 30 años, este vecino vive en el número 14 de la calle de José Calvo y a tan solo unos metros, en el número 10, se encuentra la cocina fantasma más grande del distrito, con 21 cocinas en su interior.

Vecinos desesperados

Aurelio vive en un tercero y la apertura de este negocio hace unos meses le ha afectado profundamente a su ritmo de vida. De hecho, recalca que “se trata de un problema de salud”. Para explicar el contexto, ejemplifica la situación de la siguiente manera: “Si hay 20 o 30 cocinas, hay 20 o 30 chimeneas”. Estas se ponen en marcha alrededor del mediodía y no terminan hasta las 12 de la noche. Por esto, razona que lo que más le afecta es el humo que se cuela en su domicilio, a través del patio interior que conecta la nave con los edificios que componen la manzana. “Ahora en invierno puedes cerrar las ventanas, pero cuando llegue el verano las tienes que abrir”. También comenta que en el interior de la nave muchos platos como hamburguesas o costillas se cocinan con carbón y “cuando encienden la parrilla se nota en el humo”. Además, a esto se suma el ruido producido por los extractores de aire que, aunque reconoce que no lo siente tanto, “a los vecinos que están más cerca sí les molesta”.

La otra parte de su hogar conecta con la calle de José Calvo, donde señala que hay vecinos que están “desesperados”. Destaca que hasta la llegada de este negocio se trataba de una de las calles más tranquilas del distrito, mientras que ahora lo peor son los “ruidos” que se suceden a lo largo de todo el día. Primero llegan los proveedores y después, poco a poco, van apareciendo las bicis, motos, coches y furgonetas que se dedican a servir comida a domicilio. Tal y como relata, también han habilitado un vado para que puedan dejar los vehículos los repartidores. Sin embargo, “en el momento gordo de las comidas y las cenas hay motos por toda la calle”.

La suciedad ha aumentado y los vecinos tienen que convivir con más cubos de basura de grandes dimensiones. Asimismo, ahora, la acera que compone esta pequeña calle es intransitable. “Siempre hay grupos de gente y no puedes ni andar. Al final tienes que ir por el medio de la calzada”, precisa. Estas empresas de reparto tratan de que la entrega sea cada vez más rápida, buscando para ello esta fórmula en total expansión por el centro de la ciudad. Aurelio recalca varias veces que su reivindicación nada tiene que ver con los trabajadores, y especifica que se trata de un tipo de actividad que debería ubicarse en un polígono industrial. Una queja a la que también se une la Asociación Vecinal Cuatro Caminos-Tetuán: “Esto es una industria puesta en el casco urbano”.



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