Los centros educativos madrileños incorporan este curso escolar las novedades del Real Decreto de Comedores Saludables y Sostenibles
El comedor escolar: una asignatura que aprobar (con nota)
Diego Navarrete Villar, 10 de septiembre de 2026
Las primeras semanas de septiembre son de ajuste para todos. Revisamos la galería del teléfono añorando los amplios días de sol donde las agujas del reloj eran más amables y a muchos nos permitían quedarnos un rato más en la cama sin sentirnos amenazados por el pitido de una alarma inclemente. Anhelamos los días en los que nos levantábamos en algún lugar diferente: ya fuera cerca de la playa, en un camping, en el pueblo, en la habitación de hotel de un país lejano o en la misma casa de siempre pero, eso sí, temporalmente liberados de responsabilidades cotidianas. Cuesta pensar, después del bajón vacacional, cuánto tiempo nos llevará adaptarnos a lo de siempre.
Toca volver. Retomamos -con suerte- hábitos de sueño. Más de uno volverá a renovar la membresía del gimnasio que dejó relegada antes de irse de vacaciones. Padres y madres ya tienen las listas de material escolar y empiezan las tradicionales visitas a librerías, papelerías, a las tiendas de ropa y calzado. Un año más se despliegan los horarios y toca organizar clases, tareas, idiomas, deportes y todo el repertorio de clases extraescolares. A este esfuerzo de elaborar el plan para los alumnos y alumnas que empiezan el nuevo curso se añade el de inscribir a los más jóvenes en el comedor escolar.
No es cosa para tomarse a la ligera ya que muchas familias encuentran en el comedor del colegio o del instituto el medio que les permite poder cumplir con el mandato del trabajo mientras sus hijos están en un lugar seguro donde se les ofrece mucho más que una comida. Es un aula más. O así conciben los docentes, pedagogos, personal de cocina y monitores lo que debería ser el comedor escolar en pleno 2026: no como un simple servicio complementario dentro del centro educativo, sino un eje esencial al que se debería de dotar convenientemente (a través de un presupuesto generoso, con ampliación de plazas públicas, formación por parte de quienes lo gestionan), aparte de otorgarle la importancia en el proceso de formación de cada estudiante como individuo en sociedad. A grandes rasgos es hacer del comedor una asignatura más a la que prestarle la máxima atención.
Ya no sólo porque facilita la logística familiar a lo largo de la semana sino por la importante ayuda que ofrece a las familias con menos recursos. Especialmente en España donde las cifras de pobreza infantil (33,2%), correspondiente a unos 2.6 millones, menores de 18 años, los cuales viven en condiciones de pobreza en sus hogares, según los últimos datos de finales del 2025 (Cáritas, Funcas, Unicef). Uno de cada tres niños españoles. Unos números que dibujan un drama espeluznante que las administraciones públicas no consiguen reducir convenientemente y que provoca que la brecha de la desigualdad no deje de agrandarse. Existe una población infantil y juvenil vulnerable que obtiene de este servicio el único aporte alimenticio saludable a diario.
Las primeras “cantinas escolares”, en Tetuán
Así surgieron los primeros comedores escolares en España a principios del siglo XX. Se llamaban ‘cantinas escolares’ y la comida era el señuelo que se utilizaba para que las familias más pobres llevaran a sus hijos a la escuela y lograran un grado mínimo de alfabetización, al mismo tiempo se les ofrecía una ración de comida decente. La tasa de alfabetización infantil era ínfima en aquellos años y las familias más desfavorecidas necesitaban en muchas ocasiones del escaso jornal del menor para subsistir. Además, había muchas zonas aisladas en España, con población viviendo en pueblos muy pequeños o aldeas apartadas que hacían muy complicado que los niños pudieran ir a la escuela. Eran los tiempos de finales del siglo XIX, en el marco de un gran éxodo rural hacia las urbes españolas en busca de trabajo en fábricas, talleres, servicio, etc. Las condiciones en las que vivían las clases obreras en las ciudades eran en muchos casos de miseria, alojados en infraviviendas, en estancias insalubres, de ahí que se empezaran a tomar medidas desde el movimiento higienista para aliviar la situación de las capas de población más pobre.
La primera cantina escolar se inauguró en Madrid el 1 de mayo de 1902 en la Escuela de párvulos en Cuatro Caminos (ubicada aproximadamente en la Calle Guipúzcoa), “uno de los barrios más pobres y extraviados de Madrid”, según reza la memoria realizada en 1905 por la Asociación de Caridad Escolar, la cual fundó las primeras ‘cantinas’ en Madrid y demás ciudades españolas. Esta agrupación estaba constituida por un grupo de maestras junto con numerosos benefactores de la ciudad que abrieron no sólo los comedores sino crearon bibliotecas públicas, organizaron Colonias de verano, abrieron Cajas de Ahorro, impartieron conferencias populares, etc. Los fondos se obtenían a través de suscripciones mensuales por parte de particulares y de entidades caritativas o donaciones benéficas.
Poco después se abrió una segunda cantina escolar en la Calle Rodas, nº 11 (en Lavapiés) que contó en su estreno con la asistencia de la Infanta María Teresa de Borbón, segunda hija del rey Alfonso XII. Le seguiría una tercera en Chamberí (calle Trafalgar), el 30 de mayo de 1904. Así se desplegó una red que alcanzarían la cifra de 144 comedores escolares en el año 1917.
Los menús solían ser abundantes en verduras para suplir las necesidades de nutrientes y vitaminas debido a que la alimentación en las casas de los niños solía ser escasa (a veces no comían durante días). Al principio, los menús de las cantinas eran bastantes repetitivos y en la elaboración se utilizaban los mismos ingredientes (los fondos económicos con los que se contaba eran limitados y se primaba llegar a la mayor cantidad de niños más que elaborar platos variados y condimentados, aunque esto cambiaría más adelante). Curiosamente, en las ocasiones en las que se incluía algún tipo de carne, los maestros y monitores se sorprendían de que los niños se las dejaban en el plato sin comer y comprobaron que casi ninguno estaba acostumbrado a comer carnes o a utilizar los cubiertos… La Escuela supo entonces que también tenía que hacer pedagogía sobre higiene, modales o salud. Surge entonces el concepto de Comedor como una idea más integral, que debe de atender no únicamente al estómago del alumno, sino también de su ánimo y su entorno.
Didáctica de la alimentación
Posteriormente en los años 40 y 50 se desarrollaría normativamente el funcionamiento de los comedores escolares en cada escuela primaria y en los años 60 ya se empieza a poner atención en la importancia de la dieta, enseñar a comer, el aporte de calorías, vitaminas y proteínas diario recomendado… En definitiva, una didáctica de la alimentación. Con la experiencia de los años, hemos ido desenterrando mitos (el vaso de leche diario, el zumo como sinónimo fruta, obligar a comer al niño que no come “nada”) y adquiriendo conocimiento avalado por las recomendaciones médicas (el problema de la obesidad, el exceso de azúcar, la comida “chatarra”, importancia del ejercicio físico moderado y regular).
En este arranque de curso académico 2026/2027 se empezará a implementar ampliamente el Real Decreto de Comedores Escolares Saludables y Sostenibles con la inclusión en integridad de las novedades aprobadas por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 que insta a todas las Comunidades Autónomas a la mejora de los menús en todos los centros educativos de Infantil hasta FP o Bachillerato. El plan norma recoge la obligación de ofrecer menús saludables (fundamentalmente a base de legumbres, verduras y frutas de temporada, al menos 45% de la fruta y verdura que se sirva a diario), en el que se reduce las raciones de carne y/o embutidos y se aumenta la oferta de pescado. Se excluyen bebidas azucaradas, energéticas o bollería industrial. Prohibido el paso a los ultraprocesados, aperitivos o comida malsana. Además se limitan los precocinados pizzas o empanadillas y las frituras una vez al mes como máximo. Consumo de agua como bebida en todas las comidas. Entre las novedades se hará hincapié en ofrecer dietas adaptadas (celiaquía, tolerancia a la lactosa, …); así como opciones personales (vegetariano, vegano, kosher, halal…). Todo ello intentando tener en cuenta que los productos que se utilicen en la elaboración sean sostenibles y de proximidad para reducir el impacto en el medioambiente.
La buena alimentación es esencial para un crecimiento pleno tanto para jóvenes como para los adultos. La obesidad infantil supone graves problemas de salud para las generaciones más jóvenes y es necesario cuidar lo que comemos tanto en casa como en la escuela. Es evidente que el camino es largo, que hay tareas pendientes y que la legislación va avanzando no siempre al ritmo deseado. Sin embargo, hay que celebrar pequeños pasos en la dirección correcta. Empecemos el nuevo curso con ganas de hacerlo bien.
Fotografía histórica de un comedor escolar (Instituto del Patrimonio Cultural Español. Archivo Pando).



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