El pasado 14 de octubre el profesorado de todos los niveles educativos en la Comunidad de Madrid convocó una huelga indefinida. Entre sus reclamaciones: reducción de las horas lectivas y la burocracia, bajada de ratios, mayor atención a la diversidad, acabar con la segregación, recuperación salarial y mejorar las infraestructuras en los centros. El detonante: años de recortes y una inversión insuficiente. Según el CSIF (Central Sindical Independiente y de Funcionarios), la Comunidad destina 6.508 euros por alumno, casi 1.000 euros menos que la media nacional, con una interinidad del 32,56 %, es decir, uno de cada tres profesores no cuenta con una plaza fija.
Aunque la Consejería de Educación y los sindicatos mantienen abierta la Mesa Sectorial, las posturas siguen distantes. Los representantes docentes consideran insuficientes los borradores de la Administración, al no garantizar un calendario claro para recuperar las 18 horas lectivas en Secundaria y recortar las de Primaria. Ante la falta de avances, el profesorado ha decidido mantener la huelga y las movilizaciones.
Sin aula de enlace
En ‘Tetuán 30 días’ hemos hablado con docentes del distrito que secundan los paros. “Apoyo la huelga por los estudiantes y para que haya una equiparación al resto de comunidades”, confiesa Josechu, profesor de Física y Química, tutor y jefe de Departamento en el IES Nuestra Señora de la Almudena. Mientras otras regiones, incluso las gobernadas por el mismo signo político, ya han reducido la carga lectiva, los docentes de los institutos madrileños mantienen jornadas de 19 a 21 horas lectivas semanales, “porque no hay suficiente personal docente”, imposibilitando una correcta preparación de las clases.
“En Tetuán sólo hay un aula de enlace, en el Jaime Vera, que sirve para que los alumnos sin dominio del idioma se integren en el sistema educativo”, explica Josechu. Su instituto carece de este recurso y este curso acoge a más de 20 alumnos que no hablan castellano. “Si no tienen esta ayuda, están condenados a no sacar los estudios y a no poder intentar escalar para no tener unas condiciones precarias de vida”.
“Ratios imposibles”
Josechu también apunta a las ratios en su instituto. “En los primeros cursos siempre está al límite, y en la Comunidad de Madrid se suele añadir un 10 % extra por medidas excepcionales en el centro; el límite es 25, pero se puede llegar a ese 10 % extra, y ser casi 30, y esa suele ser la norma”, asegura.
Por otro lado, afirma que a veces le es imposible acudir a la clase de laboratorio, porque con 34 alumnos en Bachillerato, no da abasto. Además, tras el cierre de un grupo en 2º de Bachillerato, el centro ha tenido que agrupar a medio curso de Ciencias y a medio de Humanidades: “Hay matriculados unos 36 alumnos y en las asignaturas comunes es muy difícil que el alumnado pueda conocer bien la materia. Los profesores no pueden hacer un buen seguimiento ni realizar las actividades necesarias”.
Necesidades especiales
La masificación y la falta de medios también marcan el día a día en los colegios del distrito. Víctor, maestro y coordinador TIC en el CEIP Felipe II, subraya la urgencia de recortar ratios, la falta de tiempo para preparar las clases y la falta de presupuesto para mejorar las infraestructuras del centro: “Aparte de la mejora salarial, porque somos una de las comunidades en las que menos cobramos y una de las más caras para vivir, es muy importante reducir la ratio de alumnos por aula”. Su centro atiende a un perfil con dificultades socioeducativas, pero el número de especialistas en Pedagogía Terapéutica y Audición y Lenguaje no es suficiente. “Además, los orientadores tienen muy pocas sesiones y sólo pueden atender a unos pocos. Es terrible”, continúa.
Una saturación similar vive el CEIP Ignacio Zuloaga, centro preferente para alumnado TEA. “Notamos la falta de profesorado de atención específica y falta de orientadores. La gente que sí tiene recursos acude a servicios privados para la dislexia, el TDAH, la logopeda…”, advierte Inés Campillo, presidenta de la Asociación de Familias del Colegio Zuloaga. La falta de tiempo del profesorado también la notan, pues, según explica, “las reuniones suelen ser en horarios inconciliables para las familias”.



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